Cuarenta y un años de historia
1963 · · · · · · · · · · · · 2004
Memoria de la televisión colombiana. Un homenaje colectivo.
La historia
El 13 de junio de 1954, en el sótano de la Biblioteca Nacional de Bogotá, un hombre miró a una cámara y Colombia dejó de ser el mismo país. El general Gustavo Rojas Pinilla pronunció el primer discurso televisado de la historia nacional. Nadie imaginaba que aquella caja de tubos y electricidad se convertiría, en las décadas siguientes, en el espejo más fiel de lo que éramos.
Durante casi medio siglo, el Instituto Nacional de Radio y Televisión —Inravisión— fue mucho más que una entidad pública. Fue el escenario donde la Colombia profunda se vio a sí misma por primera vez: sus paisajes, sus músicas, sus debates, sus tragedias y sus alegrías más íntimas transmitidas en directo, sin red de seguridad, con actores que llegaban al estudio después de ensayar en el radioteatro y técnicos cubanos que improvisaban soluciones sobre la marcha.
Era una televisión que no se podía pausar ni rebobinar. Sucedía, y si no estabas delante del aparato, te la contaban al día siguiente. Esa fragilidad era también su grandeza.
Los protagonistas
Llegó a la televisión colombiana en 1957, cuando el medio tenía apenas tres años. Durante seis décadas fue el rostro más reconocible de la pantalla pública: Animalandia, Charlas con Pacheco, Compre la Orquesta. Ganó el Premio Simón Bolívar de Periodismo. Fue el primer hombre que hizo sentir a los colombianos que la televisión les pertenecía.
Nacida el 27 de julio de 1927, fue la primera gran estrella femenina de la pantalla colombiana. Su programa Naturalia, que condujo durante 25 años, convirtió la conciencia ambiental en entretenimiento familiar. Elegancia, rigor y cercanía en una misma persona. El estándar que definió lo que debía ser una presentadora.
Desde el 24 de mayo de 1969 llevó El Show de las Estrellas al corazón de la Colombia más olvidada. Más de cincuenta años "regando agüita pa' mi gente" por pueblos y veredas, construyendo un archivo visual único de la cultura popular colombiana que ninguna otra institución habría tenido el impulso de preservar.
El primer periodista en Colombia que se atrevió a darle una cara, un formato noticioso y una mesa al informativo de televisión. Con Telediario estableció los estándares del periodismo televisivo colombiano. Su legado vive en cada noticiero que pone dos personas frente a una cámara para contarle al país lo que ocurre.
Rojas Pinilla lo eligió personalmente para conducir la primera transmisión televisiva del país el 13 de junio de 1954. Venía de la radio, como casi todos. Años después fundaría JES Televisión, una de las programadoras más importantes de la era clásica. El primer rostro que Colombia vio en una pantalla.
Director de Juventud Moderna en los años sesenta, el espacio que le abrió la puerta a la música moderna colombiana en la televisión pública. Transmitido en vivo los sábados, presentó a Los Speakers, Los Flippers y Los Young Beats ante una generación que estaba descubriendo el rock en español. Fue el primer DJ de televisión del país sin saberlo.
La programación
Archivo audiovisual
Logo institucional · Inravisión
Banda sonora de una época
Cierre de emisión · La última señal
28 de octubre de 2004
No hubo despedida con fanfarria. No hubo programa especial ni discurso de cierre. El 28 de octubre de 2004, el gobierno del presidente Álvaro Uribe firmó el Decreto 3550 que suprimía el Instituto Nacional de Radio y Televisión. Cuarenta años de historia pública colombiana se disolvían en un acto administrativo.
La razón oficial era contable: un pasivo pensional de 600.000 millones de pesos que la institución no podía sostener. La irrupción de los canales privados —Caracol y RCN habían obtenido sus licencias en 1998— había vaciado de programadoras y de ingresos al sistema público. Lo que quedaba de Inravisión era una cáscara burocrática con 350 empleados y deudas impagables.
Los trabajadores se declararon en asamblea permanente. El ESMAD fue desplegado para el desalojo del edificio en Bogotá. Algunos empleados permanecieron frente a las instalaciones durante días, protestando por lo que describían como "el fin de un plumazo de cincuenta años de historia". El gerente liquidador y un puñado de funcionarios recibieron salario mínimo hasta diciembre de 2005 para protocolizar el cierre.
La señal no se apagó. Señal Colombia e Institucional continuaron bajo la nueva figura de RTVC, Sistema de Medios Públicos. Pero algo esencial sí desapareció: la idea de que existía una institución del Estado cuya misión era, simplemente, contar Colombia para los colombianos.
Quiénes somos
Somos los que todavía recuerdan el sonido del zumbido del televisor calentándose antes de que apareciera la imagen. Los que aprendieron a leer la hora por la programación de Inravisión: si salía Animalandia, era domingo por la mañana; si aparecía el himno, era hora de dormir.
Crecimos en una época en que la televisión era un acontecimiento colectivo. No había control remoto para cambiar de canales, ni pantallas en los bolsillos. Había una sola pantalla en la sala, y alrededor de ella se construían los rituales de familia de toda una generación. Lo que transmitía Inravisión no era entretenimiento solamente: era el relato compartido de lo que significaba ser colombiano.
Este archivo nació de la convicción de que esa memoria no debe perderse. No somos historiadores ni académicos. Somos nostálgicos con acceso a internet y con la certeza de que hay miles de personas como nosotros, dispersas por el país y la diáspora, que guardan en algún cajón una foto, un clip grabado en Betamax o VHS, un recuerdo nítido de un programa que nadie más parece recordar.
Inravisión.co no es un archivo oficial ni tiene filiación con ninguna institución del Estado. Es un espacio de memoria colectiva construido por quienes vivieron esa televisión y no quieren que se borre.
Tu archivo
Este archivo se construye con la memoria de todos. Si tienes fotografías del estudio, grabaciones en VHS de programas de la época, recuerdos familiares frente a la pantalla o cualquier material relacionado con la televisión colombiana de los años 60, 70, 80 y 90, queremos verlo. Cada aportación se convierte en patrimonio colectivo.
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